Una uña encarnada puede empezar con una pequeña molestia al caminar y terminar convirtiendo algo tan cotidiano como ponerse un zapato en un auténtico problema. Se produce cuando el borde de la uña, normalmente la del dedo gordo del pie, crece hacia el interior de la piel y provoca inflamación, dolor e incluso infección.
Aunque en los casos leves puede mejorar con determinados cuidados, no siempre desaparece por sí sola. Saber reconocerla y actuar a tiempo es importante para evitar que la inflamación avance.
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¿Por qué una uña decide crecer hacia dentro?
La aparición de una uña encarnada puede deberse a diferentes factores. Uno de los más habituales es cortar las uñas demasiado cortas o redondear excesivamente sus esquinas, ya que al volver a crecer pueden clavarse en la piel.
El calzado también puede tener mucho que ver
Los zapatos demasiado estrechos ejercen presión sobre los dedos y pueden favorecer que la uña se introduzca en la piel. La sudoración excesiva, pequeños traumatismos repetidos o determinadas características de la forma de la uña también pueden aumentar el riesgo.
¿Cómo saber si realmente tienes una uña encarnada?
El dolor suele ser uno de los primeros síntomas, especialmente al presionar la zona o utilizar calzado cerrado. A medida que el problema evoluciona pueden aparecer otros signos.
Dolor, enrojecimiento e inflamación
La piel que rodea la uña puede estar roja, hinchada y sensible al tacto. En ocasiones, incluso caminar puede resultar incómodo.
Cuando aparece pus, hay que prestar atención
Si además observas secreción, aumento importante de la inflamación o calor en la zona, puede existir una infección. En estos casos es recomendable acudir a un profesional sanitario para valorar el problema.
¿Qué puedes hacer para aliviar las molestias?
Cuando la uña encarnada es leve y no existen signos de infección, algunos cuidados pueden ayudar a reducir las molestias. Mantener los pies limpios y secos, utilizar calzado amplio que no presione los dedos y evitar manipular o cortar repetidamente la zona son algunas medidas básicas.
También puede ser recomendable remojar el pie en agua templada durante unos minutos para aliviar temporalmente la sensibilidad y la inflamación.
Lo que conviene evitar es intentar “sacar” la uña clavada con objetos, cortar profundamente sus esquinas o realizar procedimientos caseros agresivos. Estas prácticas pueden empeorar la lesión y favorecer una infección.
¿Cuándo hace falta un tratamiento médico?
Si el dolor persiste, la inflamación aumenta o la uña vuelve a clavarse pese a los cuidados, es aconsejable consultar con un especialista. Dependiendo de la gravedad, puede ser suficiente con un tratamiento conservador o puede ser necesario retirar parcialmente el borde de la uña que está provocando el problema.
En determinados casos recurrentes, existen procedimientos destinados a evitar que esa parte de la uña vuelva a crecer hacia la piel. La elección dependerá de la situación concreta de cada paciente.
Aunque la uña encarnada suele afectar al pie y puede requerir la valoración de diferentes especialistas, ante lesiones asociadas a traumatismos o problemas del aparato locomotor también puede ser conveniente consultar con profesionales de traumatología.
La mejor forma de evitar que vuelva a aparecer
Una vez solucionado el problema, algunos hábitos pueden reducir las posibilidades de que vuelva a aparecer. Cortar las uñas de forma recta, sin apurar demasiado los bordes, utilizar un calzado que permita mover los dedos y mantener una correcta higiene de los pies son medidas sencillas pero importantes.
Si el problema se repite con frecuencia, no conviene limitarse a tratar cada episodio cuando aparece. En Doctología puedes encontrar información y profesionales que pueden ayudarte a valorar el origen del problema y la mejor manera de abordarlo.
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