82015May
Disminuir el riesgo de obesidad en los niños

La dieta y los hábitos de muchos niños están lejos de ser lo ideal. Tienen una consecuencia directa e impactan en la salud que disfrutará el niño en su futuro. Por eso es muy importante para los padres, los abuelos y las personas que están a cargo de los pequeños, ser conscientes de que no les hacen ningún favor, sino un perjuicio muy serio, si no observan las medidas de nutrición que aconsejan los pediatras. A veces es muy pesado si el pequeño/a es un “mal comedor”, porque acaba con la paciencia de cualquiera y genera mucha ansiedad a las madres; pero es más eficaz tratar de habituarle a comer sano, aunque nos parezca que es poca la cantidad, que sustituirlo sólo con lo que al niño le “apetece”. Otras veces nos falta el tiempo y caemos en la tentación de la alimentación preparada, que no es lo ideal para trabajar unos hábitos alimentarios variados, sanos y naturales.

No sólo el crecimiento fetal, sino también el crecimiento durante la infancia temprana juega un papel primordial en las variables de salud a largo plazo

El Dr. Ignacio Ros es especialista en el Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Miguel Servet, de Zaragoza, en la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil. Ha trabajado esta especialidad en centros sanitarios tan prestigiosos como el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, Hospital Nuestra Señora de la Paz (La Paz) en Madrid y el Great Ormond Street Hospital (GOSH) de Londres. Aporta una larga experiencia clínica y de investigación en temas de nutrición infantil. Su primer artículo en Doctología, mostraba por dónde comienza la ruta de la salud de las personas: la importancia de la alimentación en los primeros 1000 días de vida y sus consecuencias en la etapa adulta. En esta entrega recorremos algunos consejos recomendables en los primeros años para disminuir el riesgo de obesidad.

Pregunta. ¿Los adultos somos conscientes de dónde nos lleva una mala alimentación en los niños?

Respuesta Dr. Ros. No se puede generalizar. Partimos de la realidad de los niños españoles que, como regla general, tienen posibilidad de una alimentación adecuada. Los padres intentan dar una alimentación apropiada, y en general buscan información y tratan de encontrar un equilibrio en la dieta. Muchas veces el problema es la gran cantidad de fuentes de información, no siempre fiables, que se manejan y los numerosos mitos, que hacen que una alimentación que pensamos correcta, no lo sea tanto. Una incorrecta nutrición, incluso en edades tempranas, va a predisponer a múltiples enfermedades en el adulto, independiente del riesgo genético, siendo la obesidad de las más importantes

Modificaciones dietéticas y de hábitos en los primeros años disminuyen el riesgo de obesidad

Niño mal comedor

El Dr. Ros sostiene que no se debe nunca obligar a comer a los niños

¿Tan importante es la obesidad infantil?

Por supuesto, se trata de un verdadero problema de salud publica. Diferentes estudios como el Estudio Aladino o EnKid, encuentran que un 25% de los niños en España se encuentran en situación de sobrepeso u obesidad. El problema es que las múltiples intervenciones en niños o en adultos, no han conseguido disminuir la cifra de obesidad, por lo que la propuesta actual es actuar en los primeros 1000 días, y fundamentalmente sobre los aspectos dietéticos.

Entonces, ¿Cuál es el problema con la dieta de los niños en los primeros años?

Si hacemos esta pregunta a los padres o a los pediatras, el principal defecto percibido en la dieta actual del lactante es que existe un exceso de calorías y de grasas. Sorprendentemente, cuando se analizó la dieta real de los lactantes en España, en el Estudio Alsalma (Dalmau et al. An Pediatr. 2015), la ingesta de calorías y nutrientes se acerca a las recomendaciones, mientras que la ingesta de proteínas sobrepasa más de tres veces las recomendaciones actuales

¿Es tan perjudicial este exceso de proteínas?, ¿Qué relación tiene con la obesidad?. Todavía le pediría mayor precisión para entenderlo mejor

En el Estudio Alsalma se observó que los niños que más proteínas tomaban eran los que tenían un peso mayor para la talla. Igualmente en un estudio europeo (Childhood Obesity Project) se ha visto que las leches con más proteínas ingeridas durante el primer año de vida producen obesidad en la edad escolar. Es decir, una elevada ingesta protéica en la infancia temprana puede incrementar el riesgo de obesidad y otras patologías en edades posteriores.

¿Cuáles son las reglas básicas que nunca deberíamos saltarnos?

La clave reside en que podemos modificar el futuro con intervenciones sencillas. Unas cuantas normas ayudan a gestionar el posible riesgo futuro de obesidad:

  • Reducir la ingesta de proteínas sobre todo de origen animal
  • Equilibrar la ingesta de macronutrientes (proteínas, carbohidratos y lípidos)
  • No realizar restricción de grasas, fomentando las alimentos con omega-3
  • No introducir la leche de vaca de forma precoz
  • Incrementar la ingesta de frutas y verduras
  • Realizar la diversificación alimentaria de forma correcta
  • Introducir todos los sabores en la dieta

Además de las modificaciones dietéticas , en su opinión, ¿qué hábitos debemos de adquirir para disminuir riesgo de obesidad en nuestros niños?

Hasta ahora, las recomendaciones en pediatría se han centrado en modificaciones dietéticas y tratamientos en el niño mayor o en el adolescente; pero hay que ser conscientes de que cuanto más tarde más difícil es modificar los hábitos y tendencias. Tenemos que organizar y elaborar un plan que estemos dispuestos a cumplir para que tanto los niños como sus responsables lo practiquen con naturalidad.

¿Díganos recomendaciones concretas sobre hábitos que debemos seguir en el lactante para disminuir el riesgo de obesidad?

En cuanto a la alimentación, sin duda la prioridad es fomentar y recomendar la lactancia materna. También es muy importante evitar la sobrealimentación de los niños, y para ello hay que situar a los niños alimentados con pecho en las tablas realizadas por la Organización Mundial de la Salud, realizadas con niños alimentados con lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Hay que aprender a conocer los signos de hambre y saciedad del lactante, para evitar identificar cualquier signo de disconformidad como hambre. Por otro lado se debe mentalizar a los padres que el volumen de comida lo decide el niño, no lo padres ni el pediatra, el niño es el que decide cuanto quiere comer.

¿Qué nos dice con respecto a los alimentos que ofrecemos una vez iniciada la alimentación complementaria?

No es tan importante con qué alimentos realizamos la alimentación complementaria (cereal, verdura, fruta, carne…), sino cómo lo hacemos. No hay que pensar que es una manera de que los niños “se pongan gorditos”….Hay que intentar evitar la complementaria en biberón y fomentar el uso de cuchara. También hay que ofrecer repetidamente los alimentos saludables ante el rechazo normal de los lactantes a probar alimentos nuevos.

niña comiendo con cuchara

El Dr. Ros recomienda fomentar el uso de cuchara como un hábito saludable en la alimentación infantil

¿Puede enumerar esos hábitos que debemos corregir o evitar en las épocas tempranas?

Tras los primeros meses de vida, algunas situaciones de obesidad se producen en niños que son alimentados continuamente como respuesta al estrés, sin que lleguen a realizar unos adecuados periodos de ayuno. Se debe por tanto, evitar la alimentación como primera respuesta al llanto tras los primeros meses. Sin duda no es sencillo en los niños que están acostumbrados a comer para calmarse; y es el pediatra el que va a marcar las pautas y aconsejar a los padres. En esta misma línea, se debe evitar la alimentación como recompensa, pues favorece un aporte excesivo de calorías y establece un hábito de picoteo.

Todas estas medidas pueden parecer difíciles de llevar a cabo, pero con paciencia y con un buen apoyo del pediatra, son una importante inversión para evitar la obesidad posterior. Igualmente se debe evitar los estilos de alimentación restrictivos o coercitivos, es decir, no se debe nunca obligar a comer a los niños. La cultura alimentaria de los padres y familiares es decisiva porque inevitablemente la vamos a inculcar al niño. Si se observan el estilo de alimentación recomendado vamos a asegurar un mayor porcentaje de éxito en su salud.

Lo que preocupa mucho a los padres es saber y preveer las situaciones de riesgo. ¿Cuándo podemos decir que saltan las alarmas?

Si un niño tiene un seguimiento regular con su pediatra, es el propio médico el que va percibir y advertir a los padres de estos riesgos; como pueden ser la aparición precoz del rebote adiposo (tejido graso) o una excesiva ganancia de grasa en los dos primeros años.

La cultura popular sobre nutrición infantil, abarca opiniones, sobre cuestiones que científicamente han sido desmentidas. Todo el mundo opina, y muchas veces sometemos a los niños a una mezcla de dietas, con consejos de unos y de otros, sin calcular la consecuencias y con la mejor intención. Hacemos un cóctel con lo que nos dice el pediatra, nuestra madre, abuela vecina, amiga… Por ejemplo, se transmite que se debe evitar el aceite en los platos, pero se ha demostrado que la ingesta baja en grasa en edades precoces incrementa el riesgo de sobrepeso en el adulto. Logicamente no vale cualquier grasa, sino que deben potenciarse grasas saludables como el aceite de oliva o el de pescado.

La excesiva ganancia de peso durante los primeros 24 meses es el predictor de sobrepeso en la edad escolar

Los primeros 3 años de vida son una oportunidad para la salud, ya que esta etapa es clave para la programación nutricional en los seres humanos y determina la salud futura. Seguir los consejos de nuestro pediatra resulta la mejor inversión de cara a su edad adulta. Queremos lo mejor para nuestros niños; y los especialistas son los que científicamente saben lo que les conviene. No se debe aceptar cualquier consejo de salud para los niños, en un tiempo en el que la sanidad nos proporciona la información necesaria para llevarles a buen puerto.

Dr. Ignacio Ros Arnal.
Especialista en Pediatría y Puericultura:

Experto en:

  • Seguimiento del niño y adolescente
  • Alimentación del 0 a los 18 años
  • Tratamiento nutricional (bajo peso, obesidad…)
  • Patología digestiva (celiaca, alergia alimentaria…)
  • Alteración motilidad digestiva (vómitos, estreñimiento…)
  • Trastornos alimentarios (mal comedor, malos hábitos…)

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Plaza Aragón, 3, 5ºB, 50004 Zaragoza

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